martes, 19 de abril de 2016

Las emociones duelen... o no.

¿Tienen las emociones un reflejo físico real en nuestro cuerpo?

Mucho hay escrito sobre este tema. Toneladas de artículos y estudios médicos, textos de medicinas de tradiciones de distintas culturas y creencias.
Muchos son los que han investigado y escrito sobre este tema. Gente más versada y conocedora del tema que yo, por lo que no pretendo traer luz a este concepto.

De hecho soy muy exceptico en lo que a ciertas relaciones se refiere. Por ello me animo a publicar esta pequeña reflexion personal.
Me gusta creer que no todo tiene un origen emocional, y que por lo tanto, no todos los dolores, lesiones y enfermedades tienen su origen en un trauma emocional no "digerido" correctamente.

Sin embargo si que creo que las emociones nos llevan a estados que se reflejan en nuestra salud corporal.
Evidentemente yo mismo he experimentado este tipo de conexiones.

La medicina tradicional correlaciona los estados de estres con un sinfin de dolencias y enfermedades: desde problemas cardiacos y de tensión hasta problemas oculares y neuronales, pasando por desajustes hormonales.

¿Pero de dónde viene ese estres?
Ahí es donde identificamos a este tipo de emociones.
Existen algunas más fáciles de identificar que otras (en lo relativo a sus efectos físicos):
Miedo
Pena
Verguenza
Ira
Y todas aquellas que se derivan de sus mezclas.
Algunos de sus efectos casi inmediatos son:
Dolores musculares en espalda y cuello.
Dolor de riñones.
Dolor de cabeza.
Sensacion de "embotamiento" .
Escalofrios y calambres en extremidades.
Dolor abdominal.
Dolor en el pecho.
Dolor en el bajo abdomen.
Dolor en las ingles o caderas.
Etc.

Los masajistas no somos psicólogos ni psiquiatras, ni terapeutas emocionales (tal vez en algunos casos si), pero aparte de aliviar el dolor o eliminar la tensión muscular, tenemos que entrenarnos para identificar este tipo de orígenes y ayudar a nustro pacientes derivándolos a especialistas que les puedan ayudar a mitigar ese dolor desde el origen emocional, apoyados (porqué no) por una terapia manual efectiva que les calme el cuerpo también.

Versémosnos en ser capaces de identificar estos origenes emocionales cuando existan y nuestros pacientes nos lo agradeceran infinitamente.

sábado, 2 de abril de 2016

En los cuerpos de Mysore

Durante el ultimo mes he tenido la suerte y privilegio de tratar a distintas personas en Mysore (India) durante los días que me trajeron aquí para tener la increible experiencia de practicar bajo la tutela de Saraswati en KPJAYI.

Los estudiantes de yoga son (somos) cuando mínimo curiosos.
Podría decir que todos los cuerpos que he tratado durante estos días tenían una serie de factores en común:
Una tonificación, fuerza y eslasticidad muy por encima de la media.
Una capacidad de aguante de dolor muy alta.

Pero sobre todo, les unía algo.
Las ganas de practicar. El no querer parar casi bajo ningún concepto. No bajar el listón de auto-exigencia. A pesar de dolores, lesiones, problemas fisicos, e incluso emocionales. 
Es algo que ya me había encontrado en mis andares por las artes marciales, en particular por el Aikido.

El el amor, la devoción a algo que te cambia la vida día a día. El no querer parar bajo ningún concepto. Más aún sabiendo que para la mayoria de ellos, sus vidas giran entorno a esta cita.

Y en ese sentimiento, al comienzo de cada terapia, se encontraban nuestras debilidades:

Ellos admitían las suyas: el deseo, el apego a la práctica de las asanas, la falta de paciencia, la ambicion por llegar más allá, el no escuchar al cuerpo, el obviar las señales de alarma...

Y yo las mias: las ganas de ayudar, la contínua visión de la terapia como un remedio, mi enorme EGO creciendo ante las frases de gratitud de todos ellos...

Y en esa oleada de feelings encontré el equilibrio en una pregunta muy simple y a la vez muy dura...
"...¿qué prefieres? ¿Que te ayude a sanarte y reestablecer el equilibrio en tu cuerpo?
¿o quieres que haga lo necesario para que sigas practicando las asanas?..."

Esta pregunta me sirvió para situarme en mi papel secundario (que es el que me toca) dejando la reponsabilidad a quien realmente la tiene, y para conectar con la realidad de quien venía buscando ayuda, sin nisiquiera querer escucharse a sí mismo primero.

La respuesta no fue lo importante en cada caso. Sino el proceso en el que ambos nos sumergíamos. Ellos en la aceptación de sus procesos y yo en los mios. Un camino de crecimiento mutuo.