domingo, 17 de enero de 2016
Sergi Torres - Lo que te hace sufrir
Aquí os dejo un video de un extracto de una de las charlas de Sergi Torres en el Teatro Regina.
En el expone el mecanismo por el cual nuestras expectativas alimentan nuestro dolor y cómo su identificación hace posible la toma de conciencia de cómo sólo nosotros mismos somos los responsables de nuestra felicidad e infelicidad.
lunes, 4 de enero de 2016
El lugar de la consciencia en la terapia (I). La presencia de las almas.
A lo
largo de mi experiencia en la terapia tanto como paciente como terapeuta me he
encontrado con muy diferentes tipos de tactos.
Tactos
insustanciales, sin ningún tipo de presencia, más parecido a un tratamiento con
electrodos que a una terapia manual.
Tactos
con una presencia única donde el terapeuta aborda de forma casi invasiva al
paciente, quien no tiene más opción que dejarse ordenar por el terapeuta o por
el contrario, oponerse al tratamiento de forma que la experiencia no es
satisfactoria ni para uno ni para otro.
Tactos
conscientes en los que se produce una conexión entre el terapeuta y el
paciente. En este caso el primer efecto que acontece es la desaparición de los
roles establecidos, apareciendo una nueva relación entre compañeros a un viaje
que buscan un encuentro para sanar un cuerpo y un alma.
En este último tipo de contacto (consciente) es donde "sucede lo que ha de suceder" A
través de los consejos y enseñanzas de grandes terapeutas que he conocido en mi vida (gracias a todos), descubrí que los momentos de sanación real
ocurren, en mi opinión cuando se toma consciencia de distintos elementos, entre
ellos:
La presencia de dos almas.
La escucha presente y el tacto
consciente.
Confianza en el poder de la
autocuración del compañero.
Cuando
se inicia un tratamiento, inequívocamente aparecen dos almas (o más) en un
espacio de sanación. Y ambos han de ser conscientes de la presencia de esas dos
almas, respetar su lugar y su poder, no suponerse ninguna por encima de otra y abrirse a la experiencia viniente.
Dos almas. Dos presencias entre las cuales, a través del contacto se genera un puente de intercambio energético y físico a través del cual el compañero toma consciencia de su propio cuerpo, de su propio ser, y de esta manera comienza un proceso de sanación física, emocional y espiritual.
Como terapeutas sabemos que muchas veces es suficiente rozar o incluso nombrar una zona del cuerpo para que ésta se relaje y libere la tensión que acumula. ¿Es la magia del terapeuta? No. Tan solo es la toma de consciencia de su propio cuerpo a través de otra presencia. De ésta forma nos transformamos en una herramienta viva para poner de manifiesto esa falta de consciencia temporal.
A veces la toma de consciencia de dicha tensión (física o emocional) requiere de una intervención más fuerte para conseguir despertar al compañero o para retirar la atención de un lugar o sensación exterior.
De igual forma, el terapeuta se sana a sí mismo a través de esa toma de consciencia mutua.
Así entiendo que la terapia es una meditación (activa o no) por parte de todos los que intervienen en este proceso a través de la cual se alcanza plena consciencia de uno mismo y del otro, y que hace que aparezca la liberación física y emocional de la tensión y por tanto la sanación.
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